martes, 16 de junio de 2020

Que los hombres se quedaran solos no hizo más que enrarecer un poco el ambiente que había entre ellos. Era algo ya natural entre el género, costumbrista, que quedarse solos cuando alguna mujer se alejaba les "permitía" arreglar las cosas de maneras menos ortodoxas. Arthur sabía de sobra que a Sarah le repateaba ese tipo de actuaciones, pero así era la vida. Era la única forma con la que sabía vivir y la única con la que lograría sacar algo de información a Diablo, dado que se había obcecado demasiado con Nora -Pues ya está, jotito. Ya estamos solitos- sonrió bobalicón Diablo -¿Ahora qué? ¿Te me ofreces tú para el polvo?-
-Hoy estás especialmente irritante- observó Arthur, mirando como el latino jugueteaba con el vaso de vino vacío.
-Especialmente cachondo- respondió -La verdad es que me apetece bastante un buen roce, Morgan. Me estás privando de mi derecho. Si te voy a pagar, pinche cabrón. Venga, llámala de vuelta-
-A ver cómo te lo explico...- exasperado, Arthur se rascó la barba, buscando las palabras.
-Que no me expliques nada wey, que lo que quiero es follar, maldita sea. Tú dame a la pinche zorrita y te doy un puto arma ¿Vale más su culo que tu propia seguridad o la de tu mujercita? A lo mejor debería cogérmela también para que aprendes a valorarla- Diablo dijo aquello con tanta despreocupación que ni reparó en el peligro que anunciaba la fría mirada de Arthur -Otra copita por aquí- pidió Diablo. Arthur esperó al momento en que le sirvieron el vasito con el vino para que Diablo extendiese la mano para cogerlo. En ese instante, Arthur aprovechó para echar mano al cinturón de Diablo, arrebatarle un enorme cuchillo de caza que tenía enfundado y apuñalársela de tal forma que se la dejó clavada a la barra desvencijada de vieja y pútrida madera a escasos milímetros del vaso con alcohol. Como algo así era costumbre, nadie de los presentes les echó más cuenta que una rápida y aburrida mirada: cazadores haciendo tonterías de cazadores -¡Hijueputa!- rabió Diablo -¡Mi pinche mano, desgraciado!-
-He intentado ir por las buenas- Arthur sostenía el cuchillo con fuerza, atrevesando la carne y desparramando sangre por doquier -Se me acaba el tiempo y la paciencia, Diablo. Venga, me has demostrado ser un hombre de palabra alguna que otra vez así que haz honor a tus días de gloria y dime dónde puedo conseguir alojamiento y armamento-
-Eres muy estúpido si te crees que no voy a sacar nada a cambio- gruñó Diablo mirándole con verdadera rabia -Siempre vas creyendote por encima de los demás, Morgan. Estás muy equivocado. Muy, pero que muy equivocado. Las cosas cambian- masculló.
-¿Ah, sí?- Arthur movió el cuchillo de forma que la hoja comenzó a desgarrar ligeramente la carne de la mano de Diablo, arrancándole alaridos de verdadera agonía. Una vez más, los presentes les miraban más por las molestias de los gritos que por otra razón -Me lo debes. Yo solo quiero respetar los códigos, "wey"- imitó jocoso -Los favores se devuelven hasta quedar en paz y esta es tu última oportunidad- Arthur se acercó unos centímetros al rostro de Diablo, que casi empezaba a sudar del dolor -Me pregunto cuánto sobrevivirás con una mano de menos-
-Te juro que en cuanto me saques el cuchillo te voy a abrir en canal con él y... ¡Aaaahh!- vociferó hasta desgañitarse cuando Arthur en lugar de tirar del cuchillo, lo giró sobre sí mismo. El agujero que se empezaba a abrir en la mano de Diablo sería fatal con apenas unos milímetros más. Casi juraría que se oyeron los huesos crujir.
-Última oportunidad-
-El hotel...- masculló rendido -El hotel Goodtrail- dijo finalmente.
-Vaya, parece que sí que sabías algo ¿eh?- sonrió Arthur con frialdad.
-El hotel...- repitió -El hotel... te lo prometo-
-¿Hacia dónde está?-
-Salida oeste. No tiene pérdida. Sigue las ruinas de la autovía del oeste y en unos pocos kilómetros lo verás. Está abandonado, te lo juro. Yo me he alojado allí alguna que otra vez- tragó saliva con dificultad -Era mi as bajo la manga, cabrón...-
-Si hubieses mostrado un pequeño ápice de inteligencia, habrías sabido que no planeo quedarme allí para siempre. Es solo temporal hasta. Esto habría acabado rápido y sin problemas y, sin embargo, aquí estamos- Arthur finalmente arrancó el cuchillo. Diablo se llevó la mano al pecho, abrazándosela, tratando de soportar el dolor -El cuchillo me lo quedo- informó, poniéndole la hoja en el cuello con suavidad a Diablo -Y la pistola que me ofrecías también-
-Esta vida es cara, Morgan. Te estás pasando-
-En absoluto. Tan solo me cobro el gran favor que te hice- con un gesto, indicó que depositara el arma en la barra. Diablo obedeció a regañadientes. Sabía que un movimiento en falso y le rebanaría el pescuezo, de forma que prefirió obedecer. Se quitó una cartuchera que le colgaba del cinturón para después dejarla sobre la barra. Se trataba de su conocido Magnum, un revólver enorme con un calibre potentísimo. El arma era de metal oscuro, bastante bonita. Lo acompañaba una segunda cartuchera más pequeña donde guardaba un número decente de balas -Vaya, menudo botín. De haber venido con otro arma, conservarías a tu... ¿Cómo la llamabas?- se refería al revólver.
-Santa Muerte-
-Eso- Arthur tomó el arma y se la ajustó en el cinturón, así como las balas. Sabía que ese arma había acompañado a Diablo durante años y que era un objeto de pasión tal y como lo podía ser una guitarra para un músico o un juguete para los extintos niños. Un objeto al que darle un nombre, al que hablarle, en el que apoyarse y usarlo de talismán de la buena suerte -Ha sido un placer, Diablo- Arthur le palmeó el hombro -Nos veremos en otra ocasión- con un extremo aire de triunfo, se marchó a buscar a Sarah y a Nora sin demorarse un instante. Estaban tardando demasiado en aparecer y le preocupaba con creces. Salió con paso rápido del lugar para mirar a ambas direcciones y encontrarse con que no las veía por ninguna parte -¿Y ahora dónde se han metido...?-

Minutos antes, Nora y Sarah seguían encontrándose cerca el vertedero. Sarah seguía con su incesante golpe de tos mientras que Nora seguía ramificando su plan en la cabeza al ver que no mejoraba la situación. La jovia de Jack le podría resultar la mar de útil dadas las circunstancias y aprovechando que el gruñón de su chico no estaba para impedirle una huida de lo más limpia. Tomada la decisión, aprovechó el hecho de que un extraño pasaba junto a ellas para empujar a Sarah levemente para que se topara contra el tipo en una colisión fortuita. El hombre se tambaleó ligeramente al no esperarse el choque, cosa que le provocó un más que visible enfado que enfocó hacia la joven que tosía. Aprovechando esa ligera confusión, Nora hizo uso de sus dotes de ladrona para robarle un puñal que guardaba dentro de una bandolera y de paso un par de rollos pequeños de vendas que había junto al puñal. Para esconderlas, se apretó las manos contra el cuerpo y fingió estar asustada ante los ladridos del tipo que mezclados con la tos de Sarah, parecía una enorme pelea multitudinaria. Finalmente, el individuo se marchó con aspavientos y gruñidos como si fuera un oso molesto por un ejambre de abejas. Sarah se relajó un poco también en cuestión de su tos, pero parecía enormemente abatida tras el ataque -Casi te mueres- observó Nora.
-...Casi- confirmó Sarah -Y para colmo ganando enemigos...- suspiró -¿Dónde está A... Jack?-
-Estará aún con el tipo ese-
-Tarda demasiado...- la joven bajó la cabeza, agotada y con un más que evidente desánimo.
-No tardará- Nora combatió contra la soga para poder abrir el puñal y tratar de cortarse la soga con disimulo. Al parecer, Sarah no se había percatado del robo, pero sí que esperaba que el tipo aquel se diese cuenta. De hacerlo, el plan le saldría a pedir de boca ya que sería ruido más que suficiente para propiciar su huida. Necesitaba ese respaldo del espectáculo debido a la herida en la pierna. De no ser así, ya estaría muy, muy lejos.
-Deberiamos volver- Sarah suspiró pesadamente -Vamos- viendo que la chica realmente quería ponerse en movimiento, Nora decidió que era el momento de implicarla en el robo. Con cuidado le introdujo una de las vendas en el bolsillo del pantalón, echando a andar detrás de ella. Ya solo era cuestión de esperar y no estaba nada equivocada con lo que iba a ocurrir.

Apenas caminaron unos cuantos metros cuando la voz de aquel individuo se dejó oír a sus espaldas. Era inconfundible, pues físicamente era grande y fornido, altísimo como una montaña -¡Eh, maldita ladrona!- rugía -Te voy a hacer picadillo ¿¡Te enteras!?- en apenas unas cuantas zancadas las alcanzó sin apenas darles tiempo para huir. Para sorpresa de Sarah, cuando decía "ladrona" se refería a ella, ya que la encaró en lugar de dirigirse a Nora -¿Dónde están mis cosas?-
-No sé de qué me hablas- carraspeó la chica.
-¿Ah, no?- sin permiso ni consentimiento, la rodeó con los enormes brazos y comenzó a toquetearla por todas partes, cacheándola sin cortarse en dónde tocaba.
-¡Eh! ¡Eeh!- Sarah forcejeó tratando de quitárselo de encima mientras que Nora mantenía la distancia todo lo que podía tratando de cortar la soga con toda la velocidad que le permitían unas manos atadas. Era el momento idoneo.
-¿Qué es esto?- finalmente, el tipo encontró en el bolsillo de su trasero uno de los rollos de vendas que Nora le robó -Lo sabía. Sabía que las putas ratas como vosotras nunca hacéis nada bueno. Tan pequeñitas, con tanta pinta de inocentes...- gruñó enfadado -Os voy a matar a las dos ¿me oís?- al individuo le bastó un empujón para estrellar a Sarah contra un contenedor, anulándola por completo. La chica quedó tosiendo en el suelo, derrotada. El plan de Nora empezaba a virar hacia direcciones que ella no tenía del todo previstas cuando el tipo se giró hacia ella antes de poder acabar con la soga -Y ahora tú, la prisionera- sonrió malicioso -¿Iban a venderte? ¿Es eso? Ya me ocupo yo- se palmeó el pecho -Pero primero una lección para no olvidar ¿Qué te parece?- el gigante intentó echarle mano al igual que con Sarah, pero Nora estaba mejor preparada y era más espabilada. Dejando de cortar la soga, preparó el puñal. Cuando el tipo se lanzó contra ella, se bastó con apartarse a un lado aprovechando su menor tamaño contra esa mole de músculos para luego asestarle una puñalada baja en la parte trasera del muslo, arrancando un grito de aquel tipo. Acto seguido, le pegó una fuerte patada en ese mismo punto. Parecía poca cosa, pero el agresor quedó inutilizado en el suelo debido al dolor que le aquejaba la pierna y perdiendo sangre en abundancia. Nora aprovechó para agacharse junto a Sarah y comenzó a buscarle la pistola que por derecho le pertenecía antes de marcharse, en caso de que la persiguieran.
-¡Sarah!- la voz de Jack resonó en la calle, haciendo que Nora se quedase quieta al instante. Su plan acababa de irse al traste por completo, aunque aún le quedaba el puñal... -¿Qué ha pasado? ¿Quién es ese?- exigió al llegar junto a las chicas, agachándose para socorrer a Sarah.
-Nos ha atacado- explicó Nora -A ella la ha empujado y a mí pretendía llevarme- alzó las manos con la soga -Ya que me teneis tan indefensa...-
-Pues veo que te has defendido bien- observó Arthur al tipo doliéndose de la pierna. Luego, miró a Nora largo rato -¿La... has protegido de él?-
-Sí- Nora improvisó a la perfección, sin dudar, sin arrastrar las palabras. Una mentira perfectamente camuflada -Ella no se merece daño. No parece ser mala persona-
-No lo es- dijo Arthur sin más -Supongo que debo agradecértelo-
-Supones. Protejo a tu chica y solo supones un agradecimiento- decía Nora mientras veía a Arthur ayudar a Sarah a ponerse en pie.
-¿Estás bien?- preguntó a la joven.
-Algo aturdida... pero sí, estaré bien- sonrió con torpeza. Realmente no estaba nada bien. Necesitaba descansar.
-Tenemos destino al que ir- anunció -Habrá que andar unos kilómetros pero tampoco es algo desmesurado. Allí estaremos seguros. Podremos descansar. Los tres- de alguna forma, Nora percibió que aquello de descansar "los tres" no era un simple comentario. La miró al decirlo, de hecho. Aquello arrancó una sonrisa socarrona a Nora mientras Jack caminaba junto a Sarah, aun así, llevando la soga pero con algo más de suavidad.
-De nada- comentó orgullosa y burlona, viendo como el feroz y gruñón individuo era incapaz de pronunciar las palabras de agradecimiento. Ahora solo quedaba ver hacia dónde se dirigían... y qué podría sacar en beneficio de allí para poder huir.

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