martes, 9 de junio de 2020

Como de costumbre, estaba lloviendo. Desde hacía poco más de 30 años, cuando el mundo se vino abajo, la climatología estalló como una bomba y todas las normas comunes que conocían los humanos sobre la misma se desvanecieron como el humo arrastrado por el viento. Ahora llovía, dejaba de llover, nevaba, volvía a llover y así, porque sí, cambiando en cuestión de minutos. La estación estival prácticamente había desaparecido. Una capa invisible de gases y encimas habían creado una nueva capa más gruesa que la de ozono impidiendo que los rayos solares calentaran la tierra como lo hacían antaño. Sí, el sol podía verse algunos días, pero era tan tibio como la caricia de un amante. Atrás quedaron los tórridos veranos de calor asfixiante, ahora solo quedaba el viento frío de un invierno siempre amenazante y la escasez de una primavera que a veces parecía marcharse demasiado pronto.

Aquel día, nadie sabría distinguir en qué epoca del año estaba. De hecho, a la mayoría le daba totalmente igual. El verdadero interés y prácticamente el único para muchos no era otro que sobrevivir, despertar un nuevo día sabiendo que podían comer algo y hacer algo. Y para nadie era mayor motivación y objetivo que para los Outer, el grupo criminal organizado que en el viejo mundo no hubiesen tardado de catalogar de mafia. Estaba conformado en su grupo principal por más de una veintena de miembros, sin distinguir entre hombres y mujeres o edades. Eran diversos en todos los aspectos, pues lo que les primaba era la fuerza que concedía la unión y el mandato de un líder inteligente y fuerte. Ese líder no era otro que Jacob Solomon: un hombre que rondaba los 50 años de edad, siempre sonriente y con una más que clara tendencia al totalitarismo. Su carácter ferreo, actitud belicosa y voluntad guerrera le había llevado a reunir a ese enorme grupo de rufianes que poco a poco se hacían con el control de la tierra que habitaban, ya que era el grupo más grande de saqueadores que quedaba en los restos moribundos del país. Gracias a ello, contaban con innumerables armas y contactos, espías y chivatos que les favorecían y les permitían plantar cara sin mayores problemas a sus bandas rivales y enemigas. Por otro lado, también tenían que lidiar con diversos Cazadores, como se hacían llamar aquellos mequetrefes que no eran más que unos simples cazarrecompensas del muy lejano oeste en busca de forajidos. Jacob era consciente de que su cabeza debía valer toneladas de comida ¿Y a quién querría engañar? Eso le excitaba a niveles que ni él mismo podía calcular. El problema, podría decirse, es que cada vez eran más y mejores los cazadores que empezaban a interesarse por él... por lo que no debía bajar la guardia ni un instante.
-¿Se puede?- una joven voz masculina se oyó al otro lado de la puerta de la habitación en la que Jacob se encontraba sentado en un sillón, fumándose un puro.
-Pasa, Reed- indicó el jefe. La puerta se abrió con un ligero chirrido de óxido dejando ver a un hombre delgado, alto y de cabellos rubios. Estaba ataviado con una especie de uniforme militar oscuro y maltrecho. En su espalda colgaba un rifle de asalto bastante desvencijado pero que funcionaba a las mil maravillas, como ya había podido comprobar con cientos de vagabundos inocentes a lo largo del país -¿Qué quieres?- Jacob no levantó la mirada del panfleto que estaba leyendo. Era uno de los nuevos periódicos de Union, donde hablaban precisamente de los Outer y de las recompensas por encontrarlos.
-Ah, lo estás leyendo-
-Claro que sí- agitó el panfleto -Es la mar de interesante-
-¿No te preocupa? Union está detrás de nosotros ahora. Son bastante grandes. No es lo mismo que partirles la cara a hostias a los Skulls, que apenas son unos 5 tipos armados con palos- se encogió de hombros Reed.
-Preocuparme- suspiró Jacob -¡Preocuparme, Reed! Eres un melodramático- Jacob dio una profunda calada al puro y arrojó el panfleto al bidón que tenía cerca de él, donde ardían unas llamas que calentaban la habitación. La lluvia traqueteaba en el techo de la casucha de madera donde habitaba el líder -No son más que gatitos asustados, escondidos detrás de sus enormes muros, utilizando a decenas y decenas de personas que solo buscan vivir sus vidas tranquilas como escudo ante la llegada de cualquier calamidad mientras los que escriben esas mierdas no son más que ratas que suben a lo alto de sus nuevos edificios. No se diferencian de los políticos de antaño-
-Debía de ser horrible, entonces- asintió Reed. Debido a su edad, no había conocido el mundo antes de la calamidad. Lo único que sabía de entonces se lo había contado Jacob.
-Se soportaba- escupió al suelo Jacob -Pero bueno, nostalgias de un pasado triste y gris- sonrió -¿Qué querías? Supongo que no vendrías solo a decirme que están contando historias sobre nuestras heroicidades- heroicidades era, obviamente, la palabra menos adecuada para las atrocidades que cometía el grupo.
-Sí, bueno- se rascó la nuca -Solo quería comprobar que estabas al tanto de ello. Que sepas que estamos en guardia para cualquier idiotez que se les pueda ocurrir hacer contra nosotros-
-Eres un buen chico- asintió Jacob -Pero ni siquiera saben dónde estamos. Están muy lejos de darnos caza y además, si llegaran hasta aquí, no podrán atravesar nuestras defensas. Tenemos armamento pesado y lo más importante, si cabe, es que te tengo a ti- una enorme sonrisa de satisfacción se cinceló en el rostro de Reed. Era prácticamente el segundo al mando de Outer, el soldado de mayor confianza del carismático Jacob a pesar de lo joven que era. Sin embargo, esa juventud no era ningún tipo de impedimento para que no fuera el ser humano más cruel y sádico que Jacob hubiera conocido jamás ¡Incluso más que él mismo! Reed Kane era una máquina de matar sin remordimientos y con tendencias autodestructivas que incluso le ayudaban a ignorar el dolor. No pocas veces había sido visto soportar heridas graves durante un periodo de tiempo con tal de matar a su enemigo para posteriormente curarse con la satisfacción de haber derramado sangre. Y lo mejor es que todo lo hacía por él, por su líder, Jacob Solomon, el hombre al que Reed amaba y admiraba hasta el punto de quitarle el sueño, hasta el punto de rivalizar con quienes no debía.
-¿Jacob?- de nuevo, la puerta. Esta vez la dulce voz de una jovencita se dejaba oír al otro lado de la puerta. La sonrisa de Reed se desvaneció como si le hubiese caido un enorme montón de piedras sobre la cabeza. Jacob se sonrió al comprobar su expresión. Le gustaba la rivalidad que había entre ese chico y su protegida, Nora.
-Pasa, preciosa- dicho y hecho, la chica entró no sin antes quedarse un instante congelada al ver que Reed estaba presente.
-¿Molesto? ¿Interrumpo algo?- la mirada fría de Reed indicaba que sí, pero Jacob lo negó.
-Te he mandado a llamar por algo. Ven, acércate- para hacerlo, tenía que pasar junto a Reed. No es que le diera miedo, pero parecía que el joven descargaba estática sobre ella cada vez que se acercaban. La tensión que siempre se palpaba hacia ella era inquietante. Nora ni siquiera podía llegar a entender el por qué, más allá de que estaba claro, en los años que llevaba conociendo a Reed, de que era un completo misógino en el sentido más literal de la palabra. Odiaba a las mujeres y punto, no había más que hablar ni negociar. Las detestaba con todo el corazón, le parecían repugnantes, repulsivas, inferiores. Nora sí podía saber que si ella estaba a salvo de cualquier ataque de un ser tan cruel como Reed, era gracias a que Jacob la valoraba tanto o más que al propio Reed, pese a no ser su segunda al mando. Precisamente, eso era un punto más de odio a favor de Nora para el rubio. Si el chico pudiera hacer todo lo que se imaginaba que le haría, hasta Jacob sentiría nauseas.
-¿Qué necesitas?- preguntó dispuesta y amable la chica.
-¿Has leido el panfleto, cielo?- quiso saber Jacob.
-¿Todo eso de Union? Sí. Creo que nadie se ha quedado sin leerlo-
-Estoy orgulloso de mi equipo- se carcajeó Jacob -Bien. El caso es que, como ya sabes, acabamos de ser nombrados en honoris causa como el grupo más grande y peligroso de todo el país. No es que me moleste, al reves. Vamos a hacernos más grandes y peligrosos, si cabe. El problema es que nos hace falta material, víveres y demás suministros- frunció los labios y la miraba con los ojos grandes, fingiendo vergüenza que no sentía en pedirle que trabajara.
-Me ocuparé entonces de ello ¿Hacia dónde podría dirigirme?- adoctrinada, fiel y sumisa, devota al hombre al que le debía la vida, Nora ni se planteaba dudar sobre las necesidades de ese hombre.
-De eso se trata. Hemos mamado de la teta de esta región hasta límites insospechados. Ultimamente no encontramos ni cucarachas entre la basura. No hay nada que comer por aquí, solo basura y desperdicios- y que lo dijera. Basicamente toda la zona era un estercolero, salvo la base de los Outer. Todo el exterior era un páramo en el que solo quedaban latentes, aquellos que murieron y volvieron a levantarse. Muertos vivientes -Así que me temo, bombón, que te vas a dar un paseito-
-¿Hacia dónde?- Reed gruñía al ver tanta disposición. Siempre le parecía desquiciante lo atrevida que era, lo inamovible que se mostraba ante los deseos y designios de Jacob, para absolutamente todo. Hasta para cuando lo único que quería era penetrarla como si se tratara de una muñeca. Ella nunca tenía una mala cara, una muestra de duda o miedo. Era como un perfecto muro duro y sólido. Un muro que Reed se moría de ganas por derribar, por hacerle sentir miedo hasta en lo más profundo de ese frágil corazón de mujer.
-Hacia donde quieras, pero lejos. Verás, es evidente que tú sola no vas a poder traer mucho y menos si te vas cargada, de manera que el plan es el siguiente: Prepárate con lo que veas necesario. Mínimo, un arma para quitarte de encima a los latentes o a cualquier animal o gilipollas que se te cruce por el camino. Sin piedad-
-Sin piedad- repitió ella, asintiendo.
-Dirígete al este, a ver qué encuentras. Intenta llegar hasta la zona de Deadman Shore-
-Allí hay asentamientos- afirmó ella.
-Exacto, chica lista. Por allí podrás agenciarte suministros y en el peor de los casos, vislumbrar qué asentamientos están en mejores condiciones para hincarles el diente. Una vez estés repleta, en Deadman Shore capital vive una tipa llamada Lane. Es un contacto de Reed- el rubio sonrió con autosuficiencia cuando la chica le miró. Ella rara vez tenía un "contacto" mientras que Reed era un perfecto maestro de espionaje -Es alta, cabello moreno, piel morena. Además es bastante corpulenta, muy fuerte, toda una guerrera- se mesó la barba recortada -Infórmale de todo. Hablale de que los fantasmas no temen a la luz. Ella sabrá que formas parte de los nuestros con eso- Nora asintió, memorizando todo lo que Jacob le estaba contando.
-¿Y después?-
-Después, simplemente, ponte en contacto conmigo- el jefe le entregó una pequeña radio con un enganche para colocárselo en una chaqueta, mochila o donde ella quisiera y pudiera colocarlo -Tiene una frecuencia fija, así que no lo pierdas. Te pondrá directamente en contacto conmigo- Nora asintió. De pronto, Jacob la agarró del cuello sin que ella lo esperara. Apretaba más de la cuenta -Creo que no hace falta insistirte, pero por si acaso. Te pondrá directamente en contacto conmigo, así que nada de perderlo. Si alguien lo encuentra, te lo roba o lo que sea, podrían escuchar cualquier cosa que no deberían ¿Está claro?-
-Sí, señor- dijo ella, estoica, ante el agarre de su jefe y salvador. Viendo su reacción, Jacob relajó la mano para dejar de ser un agarre a una suave caricia.
-Pórtate bien. Cuando vuelvas, lo pasaremos bien tú y yo- se tomó la completa y absoluta libertad de besarla profundamente, hasta donde le alcanzara la lengua. Nora, como de costumbre, se dejó hacer. Era su papel. Reed, por su lado, apartó la mirada con sumo desagrado -Ya estoy deseando que vuelvas- agarró una de las nalgas de la mujer con fuerza. Al punto de que la chica sintió un breve ardor doloroso debido al apretón -Ahora prepárate para irte, anda. No me hagas retrasarte, que apenas me puedo aguantar últimamente-
-Sí, claro- casi tartamudeó un poco. No es que fuera agradable estar delante de Reed en esas situaciones. Dicho eso, Nora se preparó para marcharse.
-Te repito lo dicho por Jacob, mujer- dijo de pronto Reed -Pierde la radio, comete alguna torpeza que nos señale más de lo que estamos, déjanos vendidos y sin recursos en esta situación... y te despellejaré viva- lo normal hubiera sido que Jacob, valorándola tanto, hubiese salido en su defensa. Nora le miró para solamente encontrarse con una sonrisa socarrona y una mirada brillante en la que indicaba que Reed decía la verdad. No era el momento de retroceder ni dudar. Los Outer acababan de entrar en terreno peligroso y debían asegurarse el bienestar y la capacidad de subsistir mientras se preparaban para una más que inminente batalla con fuerzas de Union. Nora no podía fallar.

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