Las cosas no podían salir peor.
Aún caminando a duras penas, arrastrando cada vez más la pierna herida, Nora no podía dejar de pensar en qué momento las tornas habían cambiado tanto para que, por primera vez, un plan saliese tan mal. Ni había convencido a sus captores de soltarla, ni había conseguido escapar, ni había encontrado a aquella tal Lane, el contacto de Jacob. De forma irremediable, se culpó a sí misma de haber perdido facultades. Si ya no inspiraba confianza ni conseguía convencer a la gente con su brillante verborrea... ¿Qué le quedaba? El desprecio del hombre al que le debía la vida se dibujó en su mente como una premonición certera y cercana, que de lograr zafarse de aquella pareja en algún momento, no tardaría en llegar. Ahora, sólo podía pensar en opciones desesperadas y alternativas casi imposibles, y de momento, no encontraba ninguna.
Deadman Shore Capital quedaba cada vez más atrás tras largas horas de caminata. Continuando un paso firme a través de una carretera antigua y quebrada, llegaron a las inmediaciones de lo que parecía ser un edificio bastante alto y llamativo, a pesar de estar reducido a escombros antiguos que difícilmente se sostenían en pie. Lo más característico de aquel lugar era que estaba en mitad de la nada. No había más edificios cerca ni restos de antiguas ciudades. Sólo estaba aquella estructura, rodeada de murallas pequeñas y sucias que no tardaron demasiado en sortear.
A Nora le costó un poco discernir de qué se trataba, porque no parecía una casa normal. Las viviendas que durante toda su vida había visto eran bajas, estrechas, con jardines o sin ellos, separadas o amontonadas las unas sobre las otras en forma de piso. Pero aquel edificio, aunque parecía un piso normal, no lo era. Tenía una entrada enorme, cuyas puertas ya eran inexistentes. Estaba rodeado de lo que antiguamente debían ser jardines frondosos, aunque ahora era un puñado de arbustos secos y mal repartidos. A un lado, la chica pudo observar que había una piscina repleta de agua sucia y verdosa. ¿Qué era aquel lugar?
— Este debe ser el hotel — murmuró Jack como si acabase de leerle la mente a la mujer. — Sarah, intenta seguir alerta, podría haber alguien dentro.
— ¿Qué es un hotel? — preguntó Nora con el ceño fruncido. La forma en la que Jack y Sarah la miraron le hizo saber que su pregunta debía ser o muy estúpida, o una genialidad.
— ¿Nos tomas el pelo? — preguntó el hombre con un gesto asqueado. — Sigue con ese papel de mujer inocente y me cansaré de ti muy pronto, así que cállate. — La situación de desventaja de Nora hizo que cumpliese aquella orden, no sin antes componer una cara de disgusto enorme. Ella si que se estaba cansando de aquel papel.
Tras subir unas escalinatas, cruzaron el umbral de la entrada del hotel. Una enorme lampara de araña aún colgaba del techo repleta de polvo y suciedad. Las alfombras estaban arañadas y llenas de mugre, pero también seguían en su sitio. Todo lo demás estaba saqueado. Las primeras puertas que vieron nada más entrar estaban abiertas, revelando en su interior el más completo vacío. La cocina estaba prácticamente vacía también, conservando únicamente el mobiliario. El comedor, gigantesco, estaba desordenado. Las sillas y las mesas estaban destrozadas y acumuladas a una esquina de la gran estancia, como si alguien las hubiese apilado para hacer un fuego o para protegerse de algo.
Seguidamente, comenzaron a subir las escaleras. El proceso fue lento ya que Sarah parecía estar muy cansada y Nora cada vez podía mover menos el pie. Por ello, fue Jack quien se adelantó y comenzó a registrar todas y cada una de las habitaciones de aquella primera planta mientras que ambas mujeres le siguieron a su ritmo.
— ¿De verdad no sabes qué es un hotel? — preguntó Sarah en voz baja. — Creo que tenemos una edad parecida, pero he visto muchos hoteles desde que nací para entender que son — explicó.
— Pues yo no — contestó Nora con desgana. No quería ahondar en por qué ella no tenía aquellos conocimientos, ni debía.
— La gente alquilaba estas habitaciones que ves y los servicios que prestaba el hotel para pasar las vacaciones. Venían aquí, dormían, comían, visitaban lugares cercanos y cuando las vacaciones se terminaban, volvían a sus casas — informó.
— No te he pedido explicaciones — escupió la chica. Estaba frustrada y cansada de fingir. Detestaba a aquella pareja como nadie a quien hubiese conocido antes. Sus voces sonaban en su cabeza como una tortura y sólo quería alejarse de ellos cuanto antes.
— Pero antes... preguntaste — respondió Sarah con confusión. El silencio que vino después fue muy corto, porque pareció quedarse con ganas de seguir hablando. — Yo... creo que no contagio lo que tengo, si es lo que temes.
— ¿Temer? ¿Te crees que temo acabar enferma y no qué vais a hacer conmigo? — replicó Nora, pegando un tirón a la soga que le dolió. Tenía las muñecas tan irritadas, que la primera capa de piel ya se le había desprendido. Sarah no soltó el agarre. Al contrario, se quedó mirándolo con enorme pesar. — Esto lo vais a pagar... — añadió la chica sin mirarla. Sólo podía abrazarse a la esperanza de que los hombres de Jacob la encontraran... y nada más.
El proceso se repitió en varias plantas superiores hasta que Jack consideró que era suficiente con el registro llevado a cabo hasta el momento. En el hotel no parecía haber nadie.
Eligió una habitación cualquiera en la que aún quedaba un colchón y algunas mantas, así como muebles en los que dejar las cosas y, en definitiva, descansar. Sarah no tardó en echarse sobre la cama. Fue como un imán y así lo observó Nora, que se mantuvo alerta en todo momento. Si ellos iban a descansar... ella no iba a hacerlo, aunque se muriese de hambre y sueño. No se fiaba de Jack y, a todas luces, él de ella tampoco, por lo que todo apuntaba a que la situación iba a ser bastante tensa.
— Necesito intimidad unos minutos — explicó Nora. En gran parte, era verdad.
— ¿Qué coño dices? ¿No querías descansar? — preguntó Jack con asco.
— Me estoy meando, necesito orinar en una esquina o algo, joder — replicó ella, cansada de tener tantos problemas.
— Haz lo que tengas que hacer ahí fuera, hasta donde la soga lo permita.
— Y una mierda ¿Es que te apetece verme desnuda, capullo?
— Aquí hay baños ¿No? En todas las habitaciones hay baños — añadió Sarah.
— ¿En serio quieres que deje mis cosas aquí al lado? — Nora dio un par de pasos hasta el baño que contenía aquella habitación. La puerta estaba desencajada, por lo que no cerraba bien. Todo estaba sucio y lleno de mugre pegajosa, y por supuesto, no había agua. — Aquí no pienso hacer nada. Quiero salir a los baños que hay en el pasillo.
— Mírala, se cree que ha venido a un hotel de vacaciones de verdad. ¿Qué mas servicios quieres? ¿Te limpio el culo cuando termines? — Jack sonaba cada vez más exasperado, por lo que perder los modales del todo cada vez era una posibilidad más que probable.
— ¡Intimidad, joder! ¡¿Ni si quiera eso vais a darme?!
— Jack... ¿Y si la acompañas a donde quiere ir? Tú quédate fuera y dale tiempo. No creo que se vaya a ir corriendo, está herida — volvió a mediar Sarah, haciendo que su pareja recapacitase durante largos segundos. Finalmente, tiró de la soga y echó a andar.
— Ten cuidado, vuelvo enseguida.
El hombre condujo a la chica a lo largo de todo el pasillo hasta encontrar esos baños que Nora había mencionado antes. Marcaban un punto intermedio en la zona y contenían un aviso colgado en la puerta donde se especificaba que sólo era de uso de trabajadores, o algo así pudo leer la chica, que cuando entró, hizo el amago de cerrar la puerta pero Jack se lo impidió. —¡Eh!
— La puerta abierta.
— ¡¿Cómo te crees que puedo escapar de aquí?! ¡Estamos en una quinta planta!— gruñó, insistiendo en cerrar la puerta.
— No me voy a asustar con lo que vea. Además, hay cabinas — señaló. Efectivamente, los retretes estaban separados por puertas independientes.
— Me da igual, joder. Quiero estar sola diez minutos ¿Tanto te duele en el orgullo darme diez minutos? ¿Después de haber ayudado a tu novia? — preguntó con veneno en la voz y aprovechando la situación que hacía unas horas se había dado. — ¿O es que eres un pervertido?
— Haz lo que te de la puta gana, pero tienes diez minutos. En diez minutos entro y te saco estés haciendo lo que estés haciendo ¿Te enteras? No te vas a librar de pagar lo que me debes, así que no intentes nada— terminó por ceder. Desajustó la soga hasta que las manos de la chica se liberaron. Justo después la empujó hacia dentro y cerró la puerta. No había que conocerle mucho para saber que se había quedado detrás de esta, esperando para entrar a por Nora si fuese necesario. Ésta bufo... y procedió a hacer lo que el cuerpo más necesitaba.
Se adentró en uno de los retretes para bajarse los pantalones y la ropa interior con sumo cuidado. No supo qué le sorprendió más, si las piernas llenas de moratones y la venda de la pierna empapada en sangre, o que la menstruación había aparecido después de algunas semanas sin presentarse. Le dolía tanto todo el cuerpo y la herida tan profunda que tenía en la pierna, que no había sentido los dolores típicos del mes.
Se sentó sobre la taza del vater para orinar, aunque aquello fue secundario. Lo que realmente hizo fue pensar. Había observado en aseo y no tenía ventanas, ni rendijas ni nada por el estilo donde su cuerpo cupiese y no tuviese que pasar por la puerta para salir. Una vez más sus posibilidades se reducían. ¿Qué tenía que hacer ya para escapar de aquella situación? — Maldita sea... — gruñó en voz baja mientras se frotaba la cara. Tenía las manos sucias, toda ella estaba sucia. Necesitaba volver con Jacob cuanto antes, pero ¿qué iba a hacer? ¿Insinuarse a Jack? ¿Ganarse su confianza de la manera más rastrera posible, a pesar de Sarah? Quizás funcionaría, pero... ¿Jacob querría eso? Tenía demasiadas preguntas y demasiados problemas a los que atender, y lo que menos le apetecía en aquel momento era que el hombre entrase y la sacase arrastras de allí. Por ello, volvió a ponerse la ropa a sabiendas de que necesitaba algo para su ropa interior y procedió a salir del baño. Pero entonces, unas manos gruesas y anchas la atraparon.
No le dio tiempo a gritar ni a defenderse, pero tampoco pareció ser necesario. Fuera quien fuese la persona que había estado escondida en el retrete contiguo, no parecía tener malas intenciones dado lo que susurró a los oídos de la chica. — Tranquila, no grites ¿De acuerdo? Te voy a ayudar.
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