No es que no tuviese la percepción del tiempo pasando a su al rededor, pero estaba tan mareada, que a veces juraría no haber sido consciente de como las estrellas habían desaparecido del cielo en sucesiones que parecieron espasmos. La cabeza le daba tantas vueltas y se concentraba tanto en el dolor de su pierna, que alguna que otra vez se sumió en una especie de estado de semi inconsciencia sin poder evitarlo. Incluso cayó al suelo mientras intentaba caminar, pero no recordaba como volvió a ponerse en pie. Por ello, ver el sol brillar a través de la densa capa de nubes grises, le provocó una confusión enorme. Recordaba todo lo que había pasado, tanto los gritos como los golpes. Pero no alcanzaba a saber... cómo diantres había acabado así.
Tenía las manos atadas tan fuertes, que la cuerda que rodeaba sus muñecas había comenzado a hacer roces sobre su piel que ardían como si se tratase de cuerdas de fuego. Sus pies trastabillaban al caminar, sobre todo porque se movía con la fuerza de uno solo, mientras que con el otro, el de la pierna herida, hacía el apoyo suficiente para no caer y después lo arrastraba. Por último, en su campo de visión sobresalía una porción de piel de su mejilla, una prominencia que le molestaba y que estaba hinchada. No le hacía falta verse en un espejo para saber que debía tener la mejilla hinchada y amoratada. Qué diantres, incluso la boca le sabía a sangre. Por eso, cuando escupió, sus captores la miraron.
Caminaban frente a ella. El hombre sujetaba la cuerda que sobraba de su agarre, tirando de ella como si fuese un animal cazado. La chica, sin embargo, se limitaba a lanzarle miradas preocupadas, incluso lastimeras. Ya habían mirado así antes a Nora, de una forma idéntica. Prácticamente, estaba acostumbrada a todo lo que le había ocurrido. Sabía que era recibir golpes, salir herida de una misión y que la miraran con ojos lastimeros y preocupados. A lo que no estaba acostumbrada era a ser maniatada y capturada de aquella forma, a no escapar, a que las cosas hubiesen escapado de su control tan rápido. Quizá por ello, la ansiedad se apoderó de su pecho.
— ¿A donde me lleváis? — preguntó con pesadez. Sentía que la saliva estaba espesa en su boca, o que tenía la lengua demasiado grande. El golpe en la cara le había afectado más de lo que sospechaba.
— A sacar provecho de ti, maldita sea. De alguna forma vas a pagar lo que nos has hecho — explicó el hombre, a quien Nora recordaba que habían llamado Jack. Su voz sonaba horrible, furiosa y casi tronante. La mujer intentó poner sus ideas en orden a pesar de que la cabeza aún le daba vueltas. Fuera como fuese, tenía que escapar y volver con Jacob, de forma que tenía que concentrase en zafarse de aquellos dos. Y si físicamente no podía, tendría que hacerlo con las palabras.
— Tenía hambre... y frío — mintió la chica. Compuso un tono lastimero digno de mención. Al fin y al cabo ¿Quien no tenía hambre y frío? — Yo sólo quería descansar... había... había latentes en el bosque — insistió.
— ¿Ah, sí? — cortó Jack. — Tenías comida en la mochila, incluso agua filtrada, e ibas armada. Nada que indique que pasabas hambre o que estabas en peligro.
— Digo la verdad — consiguió decir con voz más clara. — Llevaba días caminando. Necesitaba parar y no quería hacerlo en el bosque ¿No lo entendéis?
— ¡Cállate! — El hombre dio un tirón a la cuerda, de forma que Nora cayó al suelo tras poner el pie herido en éste. Soltó un grito aterrador. La sensación era parecida a la de tener un par de clavos hincados a cada lado, sobre el tobillo. Rompió a sudar de forma descontrolada mientras se sujetaba la pierna. ¡¿Como iba a escapar así?!
— Deberíamos parar — dijo de pronto Sarah, la chica, deteniendo el paso.
— Déjala. Se pondrá en pie otra vez, como lleva haciendo toda la noche.
— Pero estoy cansada yo también. Quiero descansar — La voz de Sarah sonó algo autoritaria y segura. Suficiente como para que Jack guardase silencio e hiciese lo que pedía. Arrojó su mochila al suelo y bufó, quejumbroso. De cierta forma, Nora pudo suspirar aliviada. Ella también necesitaba parar.
Seguían en el bosque. Un rápido vistazo a su al rededor bastó para comprender que así era. Estaban rodeados de árboles de considerable altura, pero con son el suficiente espesor como para que dotase a la zona de una oscuridad notable. Los troncos eran blanquecinos, y estaban dispuestos de forma bastante separada. No era una zona espesa, por lo que Deadman Shore Capital no debía estar muy lejos.
Sarah se sentó sobre el suelo tras emitir un enorme suspiro, algo cansado y acompañado de una tos algo profusa. No tardó en echar mano a su cantimplora para beber un sorbo de agua. Al verla, Nora sintió la garganta enormemente seca. A sus espaldas tenía su mochila colgada, pero por el poco peso que sentía, debía estar vacía. — Tengo sed — informó. — ¿Donde está mi agua?
— ¿Tu agua? — se carcajeó Jack.
— ¿Vais a robarme? — preguntó consternada.
— Tú ibas a hacerlo. Peor, ibas a dispararnos — señaló.
— ¡Porque tú me habías pegado una paliza antes! — Nora se incorporó como pudo sobre el suelo, apuntando con el dedo al hombre. — Maldita sea, ya os he dicho que sólo quería refugio. Si entré con el arma fue porque no sabía qué iba a encontrarme dentro. Podríais haber sido traficantes, violadores o... yo que sé — se explicó. — Soltadme, por favor.
— Y una mierda.
— No quería que vuestra casa se destrozase por completo ¡¿Por qué iba a querer destruir un techo en el que dormir?! — añadió. Y aquello, al menos, lo dijo en serio. Prender la vivienda había sido un accidente que preferiría no haber cometido. — ¿Qué hubierais hecho en mi lugar? Si tuvieseis hambre y frío, si llevaseis días sin caminar... y encontraseis una casa en mitad del camino ¿No habríais entrado? — la pregunta iba dirigida a ambos, pero a quien miraba era a Sarah. Estaba claro que era el punto débil de la pareja, a quien debía atacar para salir victoriosa.
— Yo...
— No la escuches, Sarah. No te fíes ni de ella, ni de nadie — cortó Jack la situación. — Y tú, deja de hablar o te parto la boca —. Para enfatizar su amenaza, hizo un gesto con la culata de su arma. Nora le lanzó una mirada que pretendía fingir miedo. — Cuanto más ruido hagamos, más alertaremos a los latentes. Y ten por seguro que si nos atacan, a ti va a ser a la única que van a probar ¿Me has oído? —. Ésta vez la chica apartó la mirada. Con ese hombre no podía tratar.
Nora se arrastró hasta una piedra. Era pequeña e irregular, pero al menos pudo descansar la espalda sobre ella. Aprovechó para mirar la herida de su pierna. En efecto, tenía dos cortes limpios y profundos que no paraban de sangrar. El cepo se había hincado en su piel como lo haría con cualquier animal. Ya juzgar por el dolor que sentía... caminar con normalidad iba a llevarle demasiado tiempo. Eso si la herida no se infectaba antes. Con un suspiro, acabó volviéndose a vendar la herida con toda la suavidad que pudo. Las tapó con el bajo de su pantalón y rezó a los cielos para que sanase lo más rápido posible.
— Dale agua a la chica, Jack. Si se queda en el camino, no nos va a servir de nada — pidió Sarah. — Sabes que no se puede vivir demasiado tiempo sin agua. — Como parecía ser costumbre, el hombre obedeció. Abrió su mochila y sacó la cantimplora de la mujer, la cual arrojó con desgana hacia la dirección de ésta.
— Tengo las manos atadas.
— Ingéniatelas —se limitó a decir él. Nora, como pudo, sostuvo la cantimplora hasta colocarla entre sus muslos. Aprovechó la sujeción para abrirla y lentamente, la volvió a coger para llevarla hasta sus labios. Jamás el agua le había sabido tan bien como aquel momento. Apenas dio un par de sorbos, a sabiendas de que debía reservarla hasta volver a la base de Jacob. Para cuando cerró la cantimplora, se percató de que Jack seguía rebuscando en su mochila. Estaba contabilizando todo lo que le había quitado. — Una pistola, munición... un cuchillo, agua, dos latas de conservas... — enumeró. — Una muñeca de trapo — añadió con extrañeza. — Y una radio —. Casi se le había olvidado aquel aparato. — Así que además de todo, estas con gente. Os comunicáis con esto, me imagino. ¿Que pasa si pulso el botón? ¿Quien me responderá al otro lado? — preguntó con vacilación en la voz. Nora se puso tensa, como un resorte. Tragó saliva y... comenzó a fingir.
— Jack, no lo hagas. ¿Y si viene más gente y nos encuentra? ¿Y si la buscan? — preguntó Sarah con temor.
— No va a responder nadie — admitió la chica. — No hay nadie al otro lado.
— ¿Ah, no? ¿Y por qué tendrías una radio inútil? — continuó él.
— Porque es un recuerdo. Y si no me crees, pulsa el botón. Nadie va a contestar. No hay... nadie — comentó con dolor.
— ¡Jack, no! — gritó Sarah segundos antes de que el hombre pulsase el botón.
El silencio fue bastante incómodo. Tal y como Nora supo que Jacob reaccionaría, al otro lado no hubo sonido alguno. Ni si quiera cuando Jack preguntó si alguien le estaba escuchando. Jacob nunca, jamás, hablaba con nadie. El protocolo era así de sencillo. Sólo respondía ante sus hombres y mujeres, y nunca era él quien efectuaba la primera llamada. Así evitaba que nadie le encontrase, que nadie supiese de él, que fuese como un fantasma. Y lo mejor era que gracias a aquel acto, ahora Jacob sabía que algo le había pasado a Nora. Quiso sonreír, pero evidentemente no pudo, pues aun tenía un papel que cumplir. Reprimió todo impulso de alzar la comisura de su labio y aguardó.
— Ya te he dicho que no iba a responder nadie — volvió a decir. — Es un recuerdo de mi pareja. Lo usaba para comunicarme con él, pero... ya no está — hizo una pausa. — Tener esa radio me consuela. Es como si... pudiese volver a hablar con él. A veces... hablo sola con la radio, como si me escuchara y... — tragó saliva una vez más. — Qué tonterías estoy diciendo.
— Lo siento mucho — murmuró Sarah, algo avergonzada por lo que acababa de ocurrir. Jack, sin embargo, no cambiaba su semblante.
— Por favor, soltadme. Os he dicho la verdad... Estoy sola — murmuró, imitando el tono de la chica.
— Es que... — intentó volver a hablar Sarah — Ahora estamos... perdidos y... comprende que....
— Sarah — la alertó el hombre, intentando detenerla.
— ¿Cómo te llamas? — preguntó a Nora, haciendo caso omiso. La mujer quiso responder, pero no pudo. Jack agarró del brazo a Nora y la arrastró hasta apartarla de su pareja, a pesar de las quejas.
— Ya está bien. Basta de hablar. Sarah, tú descansa — la miró. — Y tú, zorra, no hables más con ella ¿Me oyes? Una palabra más y te rajo el cuello — la amenazó por última vez. Nora decidió callar. A fin de cuentas, con suerte pronto saldrían a buscarla. Ahora escapar iba a ser más fácil.
Agachó la cabeza y obedeció, cumpliendo con el papel de chica indefensa y obediente. Sin embargo, volvió a mirar a Sarah una vez más con ojos suplicantes. Quisiera o no, esa chica estaba intentando comprenderla... y la iba a ayudar.
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